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10 DE CORAZONES

LA CIUDAD//TU NOMBRE EN LISTA DE ESPERA / DOCUMENTAL

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Referenciado en el mundo de las aves y el cuidado del ambiente, por un momento Guillermo Galliano cambió de rubro hacia el universo de la donación y el trasplante de órganos. Tu nombre en lista de espera es el título del documental que le llevó 5 años y registra todo el proceso de la donación de órganos.

Hay que estar preparado. Suena a advertencia. Lo es. Pero también es exigencia. Tu nombre en lista de espera es un documental que tiene por finalidad brindar una mirada general y concientizadora sobre el trasplante de órganos en Argentina. Hay que estar preparado para poder ver Tu nombre…. Y también hay que estar preparado para comprender el acto de mayor generosidad posible tras el fin de la vida. Bajo esa idea trabajó durante 5 años Guillermo Galliano, sin más motivación que su propio entusiasmo por aportar a un tema que le era ajeno y que se le hizo propio.

DE LAS AVES A LOS ÓRGANOS

Por razones periodísticas viajó a Haití luego del terremoto. Vio de primera mano al sistema sanitario del pequeño país en situación catastrófica, agonizante. Ese impacto se nutrió de otro a su retorno a Córdoba: una muerte cercana y joven y la negación de la familia de donar los órganos. “Los dos episodios me abren un universo enorme en relación a la donación de órganos. Yo no sabía cuándo se donaba y cuándo no. Empecé a estudiar, hablé con médicos y se me ocurrió hacer una muestra de fotos con el tema para colaborar y sensibilizar” cuenta Guillermo Galliano, que al poco de andar y ver el material que se le aparecía supo que el asunto no se agotaba en fotos. Había algo más.

“Se lo conté a Marcos Lozada, del Hospital Allende, le interesó y se lo contó a otros médicos que me abrieron la puerta de este mundo. Marcos me cuenta de una empleada del hospital, Ana Juncos, que está trasplantada del corazón. Me junté con ella y me contó cosas tan fuertes que terminamos llorando los dos; lo que había sufrido, lo que había sido atravesar todo el proceso. Me dijo en aquella charla: _ ¿Sabes Guille cuál fue mi máximo temor? Tenía miedo de que cuando me cambien el corazón, no quisiera más a mis hijos.

Ahí me dije que las fotos eran insuficientes, que tenía que ser un documental”.

Galliano lo dijo pese a que jamás había filmado. Se compró el equipo, estudió y a la semana tenía frente a sí a tres de los médicos más importantes de trasplantología de corazón, de hígado y de riñón. Armó el guión, planteó la idea general y entrevistó a Roque Pérez, reconocido en el ámbito del trasplante de corazón, quien le apuntó a Edgar Lacombe, el primer médico que había hecho una trasplante en Argentina y con quien Galliano estaba vinculado desde hacía años sin conocer su rol en la medicina argentina. No sólo que las puertas se abrían, sino que obligaban a seguir el camino.

Finalmente llegó el contacto con la discípula de Lacombe, Cristina Gómez, que en ese momento era jefa de Terapia del Hospital de Urgencias. Entusiasmada con el proyecto y por la inocultable necesidad de difundir el tema, Galliano fue habilitado para acceder a los lugares más restringidos del Hospital. “Durante casi un año nos fuimos con mi hermano, que me acompañó en todo el proyecto, todos los fines de semana al shock room del Urgencias y dormíamos ahí. Dormí en el CPC de Monseñor Pablo Cabrera con los del 107 para salir a buscar los heridos en la ambulancia. Vimos de todo esas noches. Me custodiaba Infantería cuando salía del Hospital con los equipos”. El objetivo era captar el dramático momento de un fin que permitiera a otros u otras seguir viviendo. Por eso, insistimos: para ver Tu nombre… hay que estar preparado.

Cámara en mano, Galliano filmó procesos de reanimación -que después fueron solicitados por los médicos para utilizarlos en sus clases- y todo lo que pasa en un shock room, espacio inaccesible para la mayoría. “Las cosas que vi fueron muy fuertes: los ruidos, los olores. Filmar cómo rearman una persona con engrampadora para madera. Entrevisté a quienes estaban en lista de espera, a trasplantados y a familiares de quienes donaron. Y tracé un vínculo con el Ecodaic y el Incucai, instituciones responsables en la materia que fueron muy estrictos con todo el trabajo”. Con el equipo siempre listo en el baúl del auto para cuando lo llamaran, su obligación era estar en 8 minutos en el aeropuerto. El objetivo era uno: registrar ablaciones. Una de las veces que lo convocaron estaba en Quizquizacate. De ahí subió a un jet sin saber a dónde iba. Aterrizó en La Rioja, donde los esperaba una ambulancia rodeado de 6 motos, directo a practicar una ablación. “Aprendí lo que es el clampeo. Los médicos dicen clampeo y es el momento de la muerte, cuando cortan la aorta, ponen un clip y sacan el corazón. Estuve en tres ablaciones, eran personas jóvenes. No sé cómo murieron”.

_ ¿Cómo llevabas por dentro todo este trabajo? El impacto es fuerte y permanente.

_ Demoré 5 años en terminarlo porque tenía que tomarme pausas. Volvía a los pájaros, a sacar fotos en casamientos. Necesitaba tiempo.

Sin financiamiento, Galliano podría haber puesto punto final a un asunto que es, como se advierte en Tu nombre…, desgarrador. Pero no aflojó, “estaba convencido que tenía que hacerlo. Era mi aporte. Una vez le hice una entrevista a un trasplantado de hígado, un hombre joven. Me confió la angustia de la lista de espera. Al año me llama la esposa de esta persona, que había fallecido. Y me llamaba porque él quería que el proyecto saliera, me llamó para darme su apoyo. Eran los impulsos para seguir”.

Como cierre de un registro documental único, Galliano pudo ser parte de dos vuelos sanitarios, inaccesibles por cuestiones de normas y seguros. A La Rioja y a Mar del Plata, donde se hicieron las ablaciones para trasladar los órganos a Córdoba. A eso le suma el registro de tres trasplantes, en jornadas tan extensas que los médicos se toman pausas para poder descansar. Todo, tiempo, equipos y trabajo, sin ningún tipo de apoyo. 5 años de puro amor al arte. “Toqué puertas pero nadie se la bancó, es un tema muy delicado”, dice Galliano, el único que realmente se la bancó, poniendo de su parte un 10 de corazones.