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Hilo de amor que será pelicula

LA CIUDAD//LA HISTORIA DE EMIL MULER Y XAVIER SUMER

Guillem Clua es un reconocido escritor y guionista español. Desde su cuenta de Twitter contó una historia con la que se topó en un pequeño poblado de Rumania: una tumba en donde descansaban, juntos, dos soldados de la Primera Guerra Mundial. ¿Por qué juntos? La historia es furor en Twitter y Netflix ya compró los derechos para hacerlo película.

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En una clase magistral de investigación, periodismo y escritura, Guillem Clua pudo relatar en un hilo de Twitter una historia oculta durante 100 años, que involucra a dos jóvenes que oficiaron como soldados en la Primera Guerra, las familias de ambos y un amigo que, con el tiempo, pudo revertir una historia de desamor y olvido. Lo de Clua, maravilla de investigación y curiosidad, es novelesco. Durante un tiempo todos creímos que era cierto. El relato tiene una veracidad, respaldado por datos e imágenes reales, que no hacía sospechar otra cosa. Hasta que Guillem tuvo que aclarar: todo es fruto de mi imaginación. Con la confesión llegó Netflix: en este 2020, la historia será película.

LA FUTURA PELI

Guillem pasaba unos días trabajando en Sighisoara, un pequeño poblado de Rumanía. En un momento de ocio caminó hacia la Iglesia de la Colina, uno de los atractivos del pueblo. En el mismo predio se encuentra el memorial de las víctimas de la 1era Guerra Mundial, unas 30 tumbas dispuestas de manera simétrica. Nada extraño hasta que una lápida le llama la atención: Emil Muler y Xaver Sumer están enterrados juntos en la misma tumba. Inquieto por saber la razón de esto, Guillem averigua. La primera consulta es a la señora que vende las entradas para el templo. Simple, ella se encoge de hombros y dice: “Prieteni”, amigos en rumano. Junto a ello, toma un mapa y le señala la Torre del Reloj, atractivo turístico medieval y museo de historia de la ciudad, hacia donde va ahora Guillem.

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Los hombres que fueron confinados a las trincheras de la guerra.

Una de sus salas del museo está dedicada a la 1era Guerra Mundial e incluye fotos de personajes de la época. Allí están los Muler, familia adinerada que tuvo un niño llamado Emil, uno de los dos soldados de la tumba. Y más: su escuela fue la que ahora está al lado de su santo sepulcro. Estalla la Gran Guerra y los Muler, padre e hijos, son convocados a pelear. Eso obliga a Emil a abandonar sus estudios en la Universidad de Münich. También figura el dato de que fue herido en 1915 y que murió unos meses después. Nada de su amigo Xaver Sumer, el que comparte su tumba.

Entonces, se pregunta nuestro escritor, ¿quién era Xaver y qué conexión tenía con Emil? ¿Por qué Emil no descansa con su familia, que tiene un panteón en el mismo cementerio? ¿Por qué descansan juntos si sus muertes fueron separadas? Guillem se lo pregunta al señor que corta las entradas en el museo, pero éste no tiene idea. Sólo le recomienda visitar el Restaurante Bastión, conocido como “la casa del catalán”, catalán como Clua.

Después de almorzar, le cuentan el origen del lugar: una vieja familia catalana que al irse dejó la casa en ruinas y algunos viejos objetos: muebles, enseres de cocina y algunos cuadros que adornan las paredes. Una de esas pinturas recrea una calle de Sighisoara, con la torre del reloj al fondo. Guillem examina los detalles y descubre la firma del autor: Xaver Sumer. ¡Xaver, el de la tumba! Junto a la firma, el nombre de la obra: Emil’s room. La habitación de Emil. La casa que pintó Xaver era el hogar de Emil. En el centro del lienzo, su ventana. Fecha: 1913, antes del inicio de la Guerra. Esto es demasiado, piensa el guionista. Y con la foto del cuadro en su celular, sale en búsqueda de la casa.

No fue fácil. Habían pasado más de 100 años. Pero después de mucho buscar, allí estaba. Un gran portón de madera en el ingreso y una placa: TASCHLER HAUS BOUTIQUE HOTEL. El viejo hogar de Emil es hoy un hotel. Una mujer de unos 50 años da la bienvenida y ofrece habitación. Guillem aclara: busco respuestas, no habitaciones. Cuenta que está haciendo una investigación sobre la 1era Guerra y que sabe que allí vivió una familia rota por ese hecho. Sí, le responde ella, mi familia. Ella es Dorothea Taschler, sobrina nieta de Emil. Ella es quien dirá: “Sí, los enterraron juntos, pero no sé por qué. Iban juntos al instituto, como la mayoría de los que están enterrados allí.”

Guillem logra acceder a la vieja habitación de Emil, la que está pintada en el cuadro. Y decide pasar la noche, pese a que en España lo esperan otros compromisos. Ella, generosa, le dice:

_ Me alegro, porque tengo algo que enseñarte. Y vas a necesitar tiempo para examinarlo.

El tiempo es para analizar una vieja maleta en mal estado en donde se adivinan dos iniciales. EM. Emil Muler. En su interior, carpetas, papeles y un pequeño maletín. En éste, docenas de fotos de todos los tamaños, temas y épocas. La primera: pelotón del ejército austrohúngaro, Emil Muler entre ellos. En el repaso de las fotos, da con una de los años ‘50. Dos hombres frente a un retrato y un fondo que le llama la atención: El cuadro de Xaver, la habitación de Emil. Uno de los hombres de la foto, averigua, es Hermann Balan, alcalde de Sighisoara en los años ‘50. Además, amigo de los dos jóvenes y compañeros de la secundaria. Su familia aún vive en el pueblo. Y Dorothea, la sobrina nieta de Emil que hoy regentea el hotel, se ofrece a acompañarlo.

Cerca de la plaza principal de la ciudadela vive Alina Balan, nieta de Hermann Balan, el hombre de la foto. Alina y Dorothea se conocen de toda la vida y, por lo tanto, ingresar a la gran mansión plagada de arte y recorrerla es tarea simple. Entre los cuadros que cuelgan, uno, con gran protagonismo es de Xaver Sumer: el de la ventana de Emil. ¿Cómo era posible que hubiera dos cuadros iguales? se pregunta Guillem y Alina aclara: “No son iguales”. Efectivamente, los colores del cuadro son distintos, en la ventana de Emil se adivina una silueta y está fechado en 1916. Tres años después del primer cuadro. Un año después de que Emil volviera del frente. El año en el que Emil murió.

Alina los invita a sentarse. La historia es larga. Cuenta que los dos jóvenes y su abuelo eran amigos inseparables. Pero la amistad de Emil y Xaver era especial. En 1912, al acercarse el final de los estudios, B a l a n notaba que sus dos amigos se iban distanciando de él. Y él no entendía por qué. Hasta que un día lo descubrió, lo contó a sus padres y la noticia no tardó en llegar a las familias de Emil y Xaver. Así fue como Herr Muler decidió mandar a Emil a estudiar a Münich, mientras Xaver se quedó en Sighisoara pintando su ventana vacía. Y por supuesto, Xaver juró a Hermann que jamás le perdonaría lo que le había hecho.

Pero en medio de esto explota la Gran Guerra. Los tres se convierten en soldados y pierden todo contacto. Hasta que Emil vuelve herido en 1915, en estado muy delicado, con sus pulmones destruidos por el efecto de una bomba de cloro. Xaver, aún en el frente de batalla, recién fue relevado en 1916. Lo primero que hizo al llegar, al tanto de lo que le pasaba a su amigo, intentó verlo, pero sus padres no se lo permitieron, ni ese día ni nunca más. Y jamás se lo contaron a su hijo.

Esa negativa fue la que parió los cuadros. Xaver pasó sus días bajo la ventana de Emil, esperando que éste se asomara. En la espera, pintó uno y mil cuadros iguales. Junto a esta parte de la historia, Alina muestra una nueva carta. Una carta a Emil Muler escrita por Xaver Sumer. ¿Por qué la tiene ella? Cuando su abuelo volvió del frente, se encontró con Xaver plantado en la calle y advirtió lo que había provocado con su confesión. No valieron las disculpas. Hubo trompadas y la nariz rota de Balan por un puñetazo de Xaver. Con la nariz rota, se propuso enmendar su error. Intercedió ante los padres, que volvieron a negarse y le devolvieron una carta que Xaver había escrito y que Emil no había recibido. Hermann actuó, entonces, como infiltrado. Pidió ver a su amigo postrado y una vez en la habitación, leyó la carta prohibida.

Después de la lectura, a duras penas Emil logró acercarse a la ventana, levantó su brazo para saludar y sonrió después de tanto tiempo. Esa imagen es parte de uno de los tantos cuadros de Xaver. Emil murió al día siguiente y fue enterrado en el panteón familiar, solo. Atormentado, Xaver optó por volver a la guerra. Y en las trincheras del odio, a pocos meses, eligió suicidarse. Tenía 24 años. Fue enterrado a 300 kilómetros de su pueblo.

¿Cómo llegan a estar juntos en la misma tumba? Esperemos a la peli que Netflix lanzará este año.