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UN JARDÍN DE GENTE

LA CIUDAD//FERIA AGROECOLÓGICA

La Feria Agroecológica, un clásico que ya tiene 5 años en la Ciudad Universitaria, estrenó sede nueva en Alberdi. La ocupación del espacio público y otras posibilidades para alimentarse, en el barrio más popular.

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Qué bueno que estén por acá, dicen las primeras visitas que caminan el pasaje De la Reforma, sorprendidos de los puestos que inundan el paseo peatonal entre Santa Rosa y Colón, a metros del Clínicas, del Gigante de Alberdi y del Museo de la Reforma. Todo ahí tan cerca y cada miércoles desde las 9.30 a las 13.30.

Los feriantes, con un camino recorrido iniciado en 2014, no solo conforman una feria de alimentos sino que, además, están organizados en asamblea horizontal y democrática en la que resuelven, cada mes, el trabajo de cada semana y los proyectos a largo plazo que elaboran colectivamente. Un ejemplo de ello es el anteproyecto de ley que busca exigir controles sanitarios que nos permitan comer más sano.


La Feria suma unos 60 puestos entre productores de huevos, miel, verduras, plantines, productos libres de agrotóxicos o en camino de, alimentos caseros, semillas, alfajores, budines, cosméticos y tanto más. No hay intermediarios ni especulación, sí comercio justo -para el productor y para el consumidor-y búsqueda de soberanía
alimentaria, más el placer de comer sano.


La llegada de la Feria a Alberdi -que mantiene su versión de los sábados en Ciudad Universitaria fue iniciativa del Centro Vecinal, que necesitaba darle vida a los espacios públicos de la gran barriada. Y eso es, en primer lugar, el impacto mayor: un jardín de gente. Un jardín de gente con biodiversidad. Un jardín de gente integrado, este miércoles y cada semana, por Reciclando Utopías, su trabajo con la permacultura y sus premezclas de granos -molidos a través del pedaleo de una bici estática-, para hacer hamburguesas y otros alimentos que no incluyan carne; también el productor de huevos de gallinas liberadas y serranas a sólo $150 el maple, que hoy le tiró una onda a su compañera feriante ausente y le vende sus fideos artesanales de harina integral y colores de la tierra; un jardín de gente florecido por la Medicina Natural Yukti y sus microdosis de plantas medicinales de alcachofa, artemisa y todo yuyo que alargue la vida junto a la biocosmética de la farmacéutica Mariela Colliva, todo natural; como los jabones y los aceites de oliva El Aconquija y las yerbas y azúcar mascabo de Orgánicos de mi tierra que es lo mismo que un almacén pero todo sano, tanto que el aceite de girasol es otro comparado con el industrial: qué decir del dulce de leche; un jardín donde los amigos de Cuenta la tierra ponen las semillas (ver aparte en página XXX) y Flor de cielo, colectivo sin patrón, se encarga de la panificación en base a la harina de algarroba, como Macar, la firma de la amiga catamarqueña que hace los mejores alfajores del árbol luminoso -ver Matices de noviembre de 2018-.

A su lado, en el jardín, Mandioca, cocina sin gluten en base a, claro, mandioca: budines, brownies, alfajores, panes y tortas: gourmet. Como premium las tortillas de maíz y nachos originales de México hechos por una mexicana que te atiende en primera persona y que te habla de nixtamalización; Sabiá y las galletas naturales con base de avena e insumos de la propia feria; Hijos de la tierra y sus sales y vinagres, sus plantas nativas que, se sabe, aunque no se diga son medicinales; la producción de verduras de Rosita y sus hijas, todas mujeres transitando el camino hacia la agroecología y la siembre biodinámica: ya lo sabemos: siguiendo la luna llegaremos lejos.