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Agua que hacen magia

VIAJES//SAN RAFAEL, MENDOZA

La urbanidad verde de la ciudad de San Rafael, la adrenalina que genera la naturaleza en el Cañón del Atuel y el camino de los mejores vinos del mundo en todo el Valle.
San Rafael, en Mendoza, el agua que hace magia.

JOVEN Y MÚLTIPLE

Hace poco más de 20 años, explotó. No fue la química mal usada ni un volcán que se creía inactivo. No. San Rafael, departamento al centro de Mendoza, explotó por obra y gracia del turismo, que en tan corto tiempo logró ubicar a este corredor multiheterogéneo en paisajes y alternativas como una de los destinos más elegidos a la hora de recorrer Argentina. Lo que lo consagró como el punto turístico más joven e importante del país.

La ciudad de San Rafael -segunda de la provincia- y el departamento homónimo (110 mil habitantes), están circundados por los ríos Atuel y Diamante, ambos generados a partir del deshielo cordillerano. Estos dos cauces de aguas excesivamente puras han hecho de San Rafael –como así también de toda Mendoza- un paraíso verde allí donde otrora no había más que desierto y piquillines. El reencauzamiento y aprovechamiento de los ríos lograron revertir lo agreste de la zona. Y hoy, toda la ciudad de San Rafael y los distritos que corresponden a su departamento son oasis donde conjugar, en forma separada, los placeres urbanos, la adrenalina natural, las edades geológicas del planeta, el vino en su mejor estado y la historia de la reciente formación argentina. Todo en un radio que puede ser recorrido, conocido y disfrutado en sólo una semana.

LA URBANIDAD

La ciudad de San Rafael es completa por donde se la mire. Brinda todos los servicios y genera todas las sensaciones que uno espera de las grandes urbes; pero además de eso, hace creer que no es tan grande y muestra calidez al visitante. Por el verde abundante, por la tranquilidad de las personas del interior, por su ritmo sostenido y contagioso, pero para nada vertiginoso.

Todos los servicios bancarios, los casinos, la oferta gastronómica, la noche, la innumerable cantidad de posibilidades de alojamiento –de todos los niveles- se conjugan 10 puntos con las vinotecas que pueblan la avenida principal, con las bodegas que están pegadas al casco urbano y con la oferta de turismo cultural que se brinda a través de los Museos de Historia Natural -segundo del país en calidad de piezas-, del Ferrocarril y el Histórico Militar.

VALLE GRANDE, EL ATUEL Y LA ADRENALINA

El espacio más visitado y comentado de todo San Rafael es Valle Grande y el Cañón del Atuel, distante de la ciudad a unos 35 kilómetros.

Hasta llegar a la entrada de Valle Grande, plantaciones de olivos, frutales, vides e innumerables bodegas van robando los primeros tiempos del visitante. Superado esto y ya adentro del Valle, el camino que transita todo el Cañón –de unos 70 km. de largo-, se recorre a la vera del río Atuel. Y entre el camino por donde van los autos y el Atuel y sus aguas deshieladas, quedan algunos metros de tierra para la gran oferta turística: hoteles, cabañas, camping y turismo aventura, todos ubicados sobre la costa del río. Y después, los paredones que hacen que esto se llame, precisamente, Cañón.

COMO LEVANTAR ADRENALINA

Las capacidades naturales del Cañón del Atuel han permitido que todas aquellas actividades deportivas que rozan algún mínimo riesgo –que no es real, pero al menos se genera la sensación- puedan llevarse a cabo en ese sector privilegiado de la provincia de Mendoza.
El Atuel es, como río regulado desde los diques, uno de los mejores del país para aprender esto del rafting. Existen más de 20 prestadores de turismo aventura. Dentro del río también se puede hacer kayac y kayac dobles para los que saben, deslizador –sit on top- que navega todo el río en forma individual, canoas, hidro speed o cool river. Sobre tierra firme, cabalgatas, trekking y tirolesa, que puede ser sobre el río o uniendo cerros. Dentro del lago, además del catamarán, también se pude navegar en canoas.

De una edad geológica imaginada en millones de años, la formación del Cañón evidencia que aquí nació la tierra. Grandes paredones a uno y otro lado del camino imponen presencia a través de las diferentes formaciones rocosas de un color rojizo, cercano a la arcilla. Incluso, en algunos sectores se evidencian, en los cortes naturales producidos en la montaña, las distintas etapas o edades geológicas.

Erosión eólica e hídrica mediante, los paredones del Cañón están literalmente tallados. Por quién es la pregunta que todos los que circulan por aquí se hacen. Pero sin ganas de profundizar en lo científico, la mente humana ha preferido poner nombre, bautizar todo aquello que tiene forma ‘de’. Y así, han aparecido formaciones como el Museo de Cera, el Sillón de Rivadavia, el Lagarto, Los Viejos, Los Monstruos, La Ciudad Encantada, El Mendigo, Los Jardines Colgantes y cuanto más la mente pueda imaginar.

Mientras, el enérgico río Atuel sigue su marcha imparable y lo más común es avistar desde la ruta los gomones de rafting, que no paran un segundo en este cauce que parece hecho exclusivamente para la in-disciplina. No hay nada que lo contenga: las aguas turquesas que hasta hace día fueron nieve en picos cordilleranos deciden velocidad, riesgo y diversión.

DISTANCIAS
Desde Córdoba: 700 km.
Mendoza capital: 240 km.
Las Leñas: 200 km.

Siguiendo la cuesta del camino, se llega al primer gran dique de los que conforman, sobre el Atuel, el gran complejo hidroeléctrico El Nihuil. Valle Grande, nombre de este primer dique y lago, son 500 hectáreas de aguas calmas, con un pico máximo de 100 metros de profundidad y cardúmenes de carpas mansas que deambulan las transparencias encalladas. Inaugurado en el 66’, el lago permite ser recorrido en canoas, pero las estrellas son los catamaranes.

Las excursiones pueden ser varias. Siempre con guía, los catamaranes saben dirigirse a las playas de arena, donde los navegantes descienden y se quedan a pasar el día. O hacer el recorrido completo que no lleva más de una hora y que puede incluir conocer Cochicó, un espacio inimaginable al cual se llega sólo con embarcaciones o caminando unas cuantas horas. ¿Qué es Cochicó? Antes de ser lago, todo esto era tierra. Cuando se construyó el dique, las aguas del Atuel empezaron a llenar todos los espacios posibles. Y uno de estos espacios fue una gran grieta en la tierra que separa las montañas rocosas. Esa grieta, un cañadón con paredes que llegan a los 400 metros, hoy se llama Cochicó, una especie de brazo del lago que parece un río inmóvil. Las aguas calmas, los paredones altos, los nidos de cóndores y las águilas moras dándole de comer a sus pichones en esta angostura de 10 metros son un buen plan de excursión. Y cuando la angostura pasa de 10 metros a casi los mismos de ancho del catamarán, y el conductor se empecina en entrar, el plan es excelente.

A la vuelta de Cochicó, uno puede elegir entre la innumerable oferta de deportes alternativos y de aventura que se ofrecen a lo largo de todo el Cañón. Y sin dudas, ante tanta cantidad, se puede dudar. Tirolesa o cabalgata. Cuadriciclos o 4 x 4. Pero en donde no se pueden establecer incógnitas es con el padre de la adrenalina en el Atuel: el rafting. Haber ido a San Rafael y no haber hecho rafting es como haber ido a Cafayate y no probar el Torrontés, haber ido a Capilla del Monte y no subirse a un burro o haber ido al Calafate y no tomarse un on the rocks. El rafting es marca registrada en este río mendocino. No hay límites de edades. La seguridad y el disfrute están asegurados.

Durante el trayecto sobre el gomón, plagado de momentos que simulan estar al extremo –cuando en realidad están medidos metro a metro por el guía-, el esfuerzo físico, la voluntad y el sentirse un verdadero marinero comandando un rompehielos en plena batalla naval hacen sentir otros gustos distintos a los que rutinariamente se conocen. Hay una especie de fuerte orgullo e heroísmo personal en cada uno cuando se llega al final del recorrido. El rafting es, por qué no, una pequeña cruzada ganada a nuestras propias e imaginarias trabas.

Estacionado el gomón sobre la costa del río, es de imaginarse que muchos vuelvan la mirada al río y sientan por un momento que lo han vencido, para caer rápidamente en la cuenta que, en realidad, en esta experiencia sensible a las aguas, no hubo más que hermandad entre la humanidad y la naturaleza. Esa que tanto hace falta.