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Calorazón Cordobés

Este mes Mariano Cognigni se vuelve un meteorólogo apocalíptico y predice el fin del mundo en nuestra ciudad. Según él, en cuanto empiece el verano no nos quedará más remedio que meternos en las fuentes del centro y durante tres meses chapotear allí hasta que por fin llegue el otoño.

Si usted pensaba que sabía lo que era el calor en Córdoba, será mejor que se desengañe, este año la cosa viene brava, ahora que viene el verano usted va a saber cuántos pares son tres botellas. Paréntesis: si ya conocía la expresión que acabo de usar, es que ya está por recibir la tercera dosis.

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Tamaño calorón tendrá unas pocas ventajas: Tomar un colectivo será como entrar en un sauna, todos nos sentiremos ciudadanos VIP. No hará falta gastar gas para el calefón, el agua de red ya vendrá caliente. El Suquía, por primera vez, será un río termal. Los choripanes se van a poder asar directamente en el asfalto. Los pastelitos de dulce de batata se van a poder freír sobre una chapa de zinc, y los de dulce de membrillo se pueden tirar a la basura directamente, así nomás, crudos. Es que los de membrillo son horribles, deberían estar prohibidos.
Pero lamento ser ave de mal agüero: las ganancias serán muy inferiores a las pérdidas. Paréntesis: si sabe qué es “ser un ave de mal agüero” es que ya tiene la tercera dosis. Estamos en noviembre y la docta ciudad es ya como un gran microondas a energía solar. El centro cordobés, poéticamente llamado “El pozo que es el centro vital de la ciudad” puede considerarse un caldero del infierno donde todos los cordobeses nos cocinamos en nuestros jugos sin distinción de credos ni de equipos de fútbol. Digámoslo de una buena vez: no sólo se van a cocer los hinchas que no tienen una copa para hidratarse, también lo hará aquellos que llevan un aire acondicionado en el pecho.
Los aromas que emanan de esta paellera citadina no son justamente los de apetitosos manjares de una rotisería, son los abominables hedores de una población cuyas cloacas corren desbordadas, cual sangrías escatológicas, por las calles y veredas. Paréntesis: si usted sabe qué es una rotisería, es señal que ya necesita la tercera dosis de vacuna.
Diciembre ya es el infierno, pero cuando llegue el verano vamos a avanzar hacia el círculo dantesco del infierno 2.0. Mientras nos doramos en él, a los alaridos vamos a clamar perdón por los siete pecados capitales de Córdoba capital, valga la cacofonía. A saber: el desmonte, la tala, la contaminación, el resultado de las elecciones, las paredes con graffitis horribles de letras que no dicen nada, la figura de merodeo y el fernet Vittone con Manaos.
Si este calor de primavera ya nos tiene de mal humor, el del verano nos pondrá como Michael Douglas en “Un día de furia”, todo el ejido municipal estará entonces habitado por conductores frenéticos, personas violentas y deseosas de hacer justicia por mano propia y saciar así sus resentimientos y frustraciones. Pensándolo bien: cuando eso suceda ni se va a notar la diferencia.
Para frenar el tufazón los cordobeses seguiremos podando y talando los árboles de las veredas, plazas, reservas naturales y márgenes de ríos. Ante tamaña barbaridad los organismos de control medioambiental no se quedarán de brazos cruzados, seguramente proveerán a los vecinos de una buena cantidad de serruchos y hachas para que por fin acaben con todo lo que sea verde. Y muerto el verde sólo el hierro crecerá. Paréntesis: Si la frase anterior le resultó conocida, es otra señal de que la tercera dosis espera por usted.
Cada vez que la columna mercurial trepa hasta alcanzar la cima de su escala, algunos vecinos recuperan el frescor practicando un deporte no homologado como olímpico: el chapoteo en las fuentes. Pues bien, este verano todos estaremos allí con el agua al cuello, apiñados pero fresquitos, habremos vuelto a las fuentes, literalmente hablando. Será como una gran cazuela de cordobeses en su salsa, una especie de locro caníbal donde los ciudadanos retozaremos en camiseta musculosa y pantalones arremangados. Sólo saldremos de ella para orinar, no sea cosa que la policía haya puesto en el agua ese líquido botonazo que forma una aureola amarilla alrededor del autor del hecho muy orínico y poco onírico. Y la cosa irá empeorando con el correr de los años, los gobiernos construirán enormes piletones para acoger a la población estival en su seno de líquido vital. En verano la Córdoba de la Nueva Andalucía será la Nueva Atlántida, empapados y en remojo pasaremos el calor llevando nuestra vida con una pretendida normalidad ictícola. Las mujeres serán entonces medio sirenas. Los hombres seremos, como siempre, medio pescados.
Y hasta acá el informe mensual, ya me está poniendo de mal humor, sólo pensar en el mal humor que el calor me va a provocar. Sepa usted que nos espera un fin del mundo calcinante. Culpa de nuestros actos sin razón nos asaremos en un caldo sin sazón. Me salió un verso sin esfuerzo. Nos espera un verano de un calor infernal como un calefactor Orbis a botonera con calor calorámico.

Paréntesis: si sabe a qué me refiero con “Orbis a botonera” bueno, ya sabe qué voy a decir.

Por Mariano Cognigni