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EL PUEBLO UNIDO…

Siempre soñé tener mi propio restorán, un lugar distinto, exclusivo, con un menú que me identificara y decorado de manera alternativa cuidando todos los detalles posibles. La idea empezó a tomar forma desde el nombre que elegí:
“LA PROTESTA, RESTO/BAR”.

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Alquilé un local a metros de Colón y Gral. Paz (lugar clave antes que el sector del Patio Olmos lo destronara) para darle un espacio adyacente y tradicional a lo que eran las antiguas convocatorias sociales y laborales relacionadas con alguna marcha por lo que fuere, tablones sobre caballetes como mesas, la vajilla descartable, vasos hechos con botellas plásticas cortadas y redondeados prolijamente los bordes con encendedores comprados 3 por 100 mangos a vendedores ambulantes, las paredes llenas de inscripciones ofensivas de todo tipo escritas con aerosoles de distintos colores y con imágenes hechas a las disparadas con la técnica stencil de distintos caudillos, iluminado con antorchas de palos con telas empapadas de kerosene, pasacalles y pancartas, centros de mesa con cilindros de fierro con bombas de estruendo; el atuendo del personal consistía en capuchas, puntas, un bombo atravesado en bandolera (para el maître -jefe de camareros-) y redoblantes (para los mozos), con delantales con inscripciones gremialistas y megáfono para levantar los pedidos.
Los placeres gastronómicos consistían en guiso hecho en olla popular a cargo de una señora titular de un hogar de día barrial y choripán cuyo responsable era el caballero que tiene un puesto en cercanía a la cancha de Argentino Peñarol cada vez que hay partido; la carta de bebidas del mejor nivel, vino Toledo 70, fernet Vittone con Manaos cola, Cerveza Río Segundo, Sangría con mucho azúcar y limones del limonero de doña Ester. En fin, seleccionadas delicatessen a disposición de los comensales.
Llegó el día de la gran inauguración y como corresponde, invité al más selecto grupo de dirigentes de todas las agrupaciones conocidas y, los convoqué en Colón y Cañada para marchar ocupando toda la calle hasta mi espacio gastronómico.
Al llegar los recibí con unos bocaditos (croquetas de papa y brochettes de hígado de pollo y cebolla) y una copita de plástico con sidra Rama Caída.
Todo venía perfecto y en armonía, cada mesa cantaba sus himnos, los oradores principales reclamaban por sus derechos o puteaban en contra de los grupos hegemónicos, algarabía, minutos de silencio por compañeros caídos en lucha (o por algún coma alcohólico), aplausos por sus presos políticos, etc.
Hasta que un altercado menor pudrió la paz reinante, los “Sin techo” se enfrentaron a los “Sin cloacas” aparentemente porque, los “Sin techo”, culpaban a los “Sin cloacas” de ser unos cagadores que le sacaban pantalla en los noticieros locales, y ésto, detonó primero las internas de los otros grupos presentes e inmediatamente estalló el fuego cruzado entre Textiles y Metalúrgicos, Bancarios contra Inmobiliarios, Pañuelos verdes contra Pañuelos celestes, Madres de Plaza Velez Sarsfield contra Tíos del Parque Sarmiento. Destrozos al por mayor, principio de incendio, la llegada de infantería a los balazos de goma, y de los policías sindicalizados a las trompadas contra cualquiera que se les cruzara, chinchudos por no haber sido invitados al evento. Tamadre, hecatombe 8.9 en la escala de Richter.
Inauguración, clausura, multa municipal, provincial y nacional, causa abierta por disturbios, escrache en todos los medios, acciones penales de parte de los empleados por lesiones de todo tipo, entre otras (sueldo, indemnización, vacaciones, lucro cesante, etc.). Corolario: Cierre definitivo.

A la merda, el rubro gastronómico no es lo mío, para cuando salga de este quilombazo lo más probable es que rehaga mi vida empresarial poniendo un sex shop inclusivo para frígidas e impotentes.