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La dama de la pelota

Abril de 1982. La dictadura de entonces ya había anunciado el despliegue de las tropas nacionales sobre las islas Malvinas y el fervor nacionalista invadía cada poro de la Argentina. Mientras allá en el Sur los conscriptos comenzaban a pasar hambre y frío, acá en el continente muchos seguían la vida cotidiana como si nada pasara. Por caso, el fútbol.

Por JCTV

El 14 de abril, 12 días después del desembarco, la selección argentina, con el Diego y el Matador al frente, recibía a la potencia mundial que hacía tres años, desde 1979, no perdía un partido. La selección de la Unión Soviética, el gigante comunista, llegaba al estadio de River para enfrentar al equipo campeón del mundo, dirigido por César Luis Menotti. El gol de Ramón Diaz no alcanzó para el triunfo. La selección roja logró el empate a poco del final y todos quedaron conformes: los soviéticos seguían invictos y Argentina mejoraba su performance para el Mundial de España.

Ese partido era el único previsto para el combinado extranjero. Pero un equipo del interior de la provincia de Buenos Aires, que ya había quedado afuera del Campeonato Nacional y necesitaba ocupar a sus jugadores, ofreció otro amistoso. La iniciativa partía de ella, la dueña del equipo, la hincha número 1 -quizás, también, la única- y conocida como la Dama del Cemento. Amalita Lacroze de Fortabat puso 30 mil dolares sobre la mesa y la selección soviética no dudó: Olavarría sería la sede del cruce entre el capitalismo empresarial, de la mano de Loma Negra, y el comunismo estatizante a través de la representación soviética.

El 17 de abril de 1982, a dos semanas del inicio de la guerra, Olavarría se olvidó por un momento de las Malvinas y puso toda su atención en el choque entre las dos potencias. Los jugadores locales, acostumbrados al buen trato y atenciones suntuosas para parte de Amalita, accedieron, en la previa del partido, a los cuidados más excelsos dispuestos por la viuda de Fortabat. Se concentraron en la estancia San Jacinto, la residencia familiar de los dueños de la cementera, e hicieron las prácticas en los jardines de la mansión.

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El día D, Olavarría explotaba. 15 mil hinchas de Loma negra coparon las nuevas tribunas de cemento construidas para el cruce que se jugaba el 17 de abril desde las 11 de la mañana. Los invitados especiales -Mariquita Valenzuela, Alberto Martín y otras estrellas de la TV del momento-, tiraban papelitos como si se jugara otra final del Mundial. Radio Rivadavia y Canal 11 transmitían para todo el país. Con los jugadores de uno y otro equipo, se interpretó el Himno Nacional al ritmo que imponía la banda del Regimiento de Caballería. No era un simple partido de fútbol: era la dignidad nacional representada por Amalita y su equipo frente al equipo del mal vestido de rojo, que encima no perdía desde hacía tres años.

Con los 30 mil dolares en el bolsillo, el entrenador ruso dispuso que jugaran los suplentes: no podía haber sorpresas ante un equipo menor como Loma Negra. Pero los chicos de Amalita, que se habían alimentado como nunca en su vida en los días previos, salieron a comerse la cancha. Mario Husillos, el ex delantero de Boca que ahora vestía los colores de la cementera, puso el 1 a 0 antes del fin del primer tiempo. En el entretiempo, los soviéticos pidieron a los locales que no fueran tan fuerte, que era apenas un amistoso. Pero para los de Amalita no había amistoso.

En el segundo tiempo la Unión Soviética rearmó el equipo con los habituales titulares. El gigante no podía dejar el invicto ante un equipo sin historia y que tampoco tenía futuro. Pero no alcanzó: los 11 de Amalita, con Osvaldo Rinaldi, campeón mundial en Japón hacía tres años, al frente, dieron batalla y el triunfo fue para el capitalismo nacional y cementero, que derrotó en el campo de batalla a la selección del país que para Amalita representaba el propio demonio.

Ese 17 de abril de 1982 la estancia San Jacinto fue la sede de los festejos. Los jugadores, sus familiares, todo los Lacroze, brindaron hasta que se puso el sol. En las Malvinas los soldados empezaban a caer como moscas, pero en el país del fútbol, lo que importaba era que el monstruo comunista había perdido el invicto a manos de Amalita, la dama del cemento. Y ahora, también, de la pelota.Alternar panel: Search Engine Optimization