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La libertad es pedalear

LA CIUDAD//AGUSTÍN FREITES BOTH, RESTAURADOR DE BICICLETAS

Un pequeño local sobre la Núñez conserva un universo de bicicletas y repuestos antiguos que nos llevan a un pasado de felicidad y libertad sobre dos ruedas. Al frente de la idea está Agustín Freites Both, restaurador de bicicletas y fiel defensor del vehículo más noble que inventara la humanidad.

Por: J.C.T.V.
Fotos: Guillermo Martino

Está pronto a cumplir 5 años en la Núñez. Pero la historia es previa a esta exposición en donde conviven viejas bocinas para posar sobre algún manubrio curvo y asientos de cuero que ya no se ven, cuadros de bicicleta que no llevan soldaduras y manoplas que ofrecían la seguridad necesaria en nuestra niñez. Agustín Freites es el creador del espacio Retrocletta. Restaurador de bicicletas, su historia es previa a su comercio. En el quincho de la casa de su madre, en su vida particular, la bicicleta como medio de locomoción siempre estuvo. Alguna carrera en una BMX -a las que de chicos les decíamos bici cross-, activo usuario de Mountain Bike por caminos serranos, un viaje a Europa le hizo ver que esa fiel compañera no necesariamente debía llevar adrenalina, competencia y entretenimiento: podía ser socia, también, de un lento transitar con destino improbable por las calles de una gran ciudad.

Agustín no es empresario de bicicletas ni bicicletero ni artista, aunque sea un poco de todo. Se define, con justicia, como restaurador. “No parcho, no hago arreglos, lo que hago es restaurar bicis antiguas y clásicas y vender repuestos de viejo stock a restauradores y particulares. Y también asesoro”, explica.

A la vuelta de aquel viaje a Europa en que vio que la bici podía ser la compañera diaria en las actividades de rutina, cambió su playera por una bici antigua, con la idea de moverse de ese modo. Esa primera bici, comprada a un obrero que buscaba dos ruedas más modernas para movilizarse, resultó un modelo sueco poco habitual del año ‘45 que había sido del abuelo del vendedor. “Empecé con algo muy alto sin saberlo. Y en esa época conocí a un hombre que al final fue mi mentor. Es un herrero de Argüello que restauraba por entretenimiento, tenía repuestos viejos y muchas bicis antiguas y fue quien me guió”, reconoce hoy a quien, ahora, también es su amigo.


CIUDAD POCO AMIGA

Córdoba, sabe Agustín, no es una ciudad amable para andar en bicicleta. “No hay bicisendas pero la gente se las rebusca. Es complicado porque está todo muy separado, muy alejado y la topografía no ayuda”. Además, hay un mito instalado que no contribuye: las bicis de montaña que se usan en la ciudad. “Las mejores son las de media carrera o ruteras para trayectos largos. Hay mucha gente que usa las bicicletas de montaña en la ciudad, lo que es un error. No están preparadas para la ciudad, la posición de manejo para observar los autos no es la más adecuada, tienen mucho peso, más el amortiguador que no hace falta. Estás en posición de ataque, a diferencia de las de paseo, que son más relajadas. El rozamiento de las ruedas de las bicis de montaña, al ser más anchas y con tacos, te frena. Las urbanas o ruteras no, son más rápidas porque las cubiertas son lisas”.


 

Restauró esa primera bici sueca, pero sólo con la idea de usarla para ir a trabajar y no depender del auto o el transporte público. Pero le fue imposible negarse al mundo que se le empezaba a abrir: el de las bicicletas antiguas. Ese inicial hobby que nació en el quincho de la casa materna se convirtió en el oficio de su vida. “En paralelo hacía la tesis para Diseño Industrial. Lo de las bicis fue una terapia”, cuenta.

En Retrocletta, un espacio vintage en decoración y espíritu, conserva repuestos originales de viejo stock sin uso, también usados y repuestos nuevos con estilo clásico. Transitó por pueblos y viejas bicicleterías buscando lo que para muchos era basura, viejos artículos que habían quedado demodé: luces a dínamo, puños de Auroritas y de bicis inglesas, cubiertas de época, antiparras italianas que ya no se consiguen ni en Italia; timbres, cornetas, asientos de cuero con sus grandes resortes y las cartucheras con las herramientas originales.

Para él ya no se trata de un hobby: hay obsesión en respetar las líneas estéticas y aquello que se decidió en el momento del montaje de la bici: no hay lugar para la improvisación. Reconoce Agustín que hay trabajo de investigación atrás de cada bici para mantener la línea. “Soy muy detallista, mantengo el estilo y la estética. La carrera me dio herramientas: la maquetería, el estudio de materiales, los procesos y el sentido estético, todo eso me sirvió para la restauración”.

A QUÉ LLAMAMOS ANTIGUAS

La idea de antigüedad es amplia y variada en función de los objetos. En el caso de las bicicletas, hablamos de antiguas o clásicas en aquellas que fueron construidas previamente a la incorporación de la soldadura en el armado de los cuadros, algo que comenzó a fines de los ‘80. De tal modo, las antiguas son las clásicas cuyos cuadros están unidos a través de pipas o acoples, una técnica constructiva clásica. “Eso hizo -explica Agustín-, que bajaran los estándares de calidad. En todo. Antes lo hacía un obrero, hoy lo hace un robot. Esos acoples viejos son muy caros por tiempo, logística y material, porque se trabaja con un tipo de bronce. Europa aun mantiene esa forma de trabajo artesanal en la confección de los cuadros en algunas bicicletas. Latinoamérica no”.


QUÉ ES LA RESTAURACIÓN

_ El proceso de restauración que realizas, ¿qué supone?
_ Hay dos tipos. Uno es manteniendo los cromados y pinturas originales y el otro, pintando y cromando de nuevo y cambiando componentes. Yo recomiendo recuperar la pintura original, prefiero que quede original de fábrica. Del otro modo puede quedar impecable, pero me gustan más de museo, con óxido, desgaste, todo original. Sí se puede cambiar lo funcional: los cables, las cámaras. Y por supuesto, mantener el tipo de asientos y puños.


 

Sobre la Nuñez al 4.600, en el local de Agustín, hay bicis de colección: ruteras -conocidas como las de carrera-, viejas Auroritas, bicicletas plegables e incluso choperas: esa es precisamente la joya del lugar. Exhibida en la vidriera, no se toca: original de fábrica 100% e impecable, la bici chopera es un ícono de los ‘80: cámaras, cubiertas, herramientas, todo de fábrica, magia del diseño inglés. Agustín la encontró en una casa en donde casi no la habían usado. “Me han hecho ofertas muy elevadas, pero no la voy a vender. Es el símbolo del negocio. La usé y es muy cómoda. El trabajo de ergonomía es perfecto, como todo lo que hacen los ingleses. La posición de manejo es como si manejaras un auto, muy cómoda”.

Cada bici que Agustín restaura no es tan sólo una bici: es la historia de una persona en la que afloran recuerdos y sentimientos. Aquel primer trabajo, el abuelo que vino de Europa, la salidas con amigos: las bicis son la vida misma. Qué decir de aquella inglesa de 1890 que restauró por completo investigando en museos y que salió andando como si los más de 100 años pasados no fueran más que algunos días.

Alguna de las joyas restauradas decoran vidrieras de Córdoba, otras son usadas en fiestas o para rodar algún comercial. Muchas ruedan sobre el asfalto esperando que Córdoba comprenda el valor de pedalear. Su combustible infinito gratis, su contribución a la salud y, fundamentalmente, el componente afectivo que siempre emerge cuando las dos ruedas empiezan a girar: el recuerdo de la niñez que permite escapar sin límites, pedaleando hacia la libertad.