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MADRE NO HAY UNA SOLA

Por María Fernanda Spina – Spinmarfer@gmail.com
Terapeuta y fundadora del Método Spin®.
Maestra de Un Curso de Milagros reconocida
por la Foundation For Inner Peace.

Existe un arquetipo de madre abnegada y hasta sufrida, aquella que renunció a todo por sus hijos y que todavía cala nuestro inconsciente colectivo. Sin embargo, cada uno de nosotros puede contar una historia diferente a esa imagen.

No es el caso de J. que sube sus historias con “Tota” en todas las situaciones imaginables. Qué complejo de Edipo no resuelto, pensaba!. Mucho tiempo después, me contó que esa mujer había limpiado casas y baños públicos para que él fuera quien es hoy y que merecía cada una de las atenciones que él le prodigaba. Cómo discutir eso.
Sin embargo, no todas son “Tota”.
Parte de la ciencia ha desestimado la existencia del instinto maternal. Las explicaciones van desde impulsores químicos hasta que es el resultado de una construcción cultural. Otros lo definen como un vínculo afectivo muy particular y diferente entre cada madre con su niño. Hoy se ve de otra manera y se vive distinto, pero que las hay, las hay. 
Las hay con pocos o no pocos recursos que no tienen otra opción que dejar a su bebé al cuidado de alguien más a los 45 días, las que reciben a su hijo con acompañamiento psicoprofiláctico, gimnasia preparto y ejercicio pleno de su profesión. Las que aún se sienten menos mujer por ser madres, las que lo afrontan solas y por qué negarlo: las que son tan difíciles que despiertan deseos de alejarse. Cuántas más y cuán diferentes…
En la actualidad una de las aristas del rol materno que se está cuestionando, es la que luce más permisiva en contraste con otras generaciones. Con límites difusos que pueden acarrear consecuencias no deseadas en la crianza: hijos que desconocen las responsabilidades acordes a su edad, que ya no perciben figuras de autoridad y respeto, el placer efímero que ha eclipsado al deber. Como si no fuera mucho más complejo y no existiera el medio extrafamiliar que influye y atraviesa. Quizás una historia pendular que oscila desde el pasado para ir hacia un futuro diferente. Además, juzgar es muy fácil sin negar que se  puede aprender, formarse e informarse.
Por otro lado, ese mismo rol hoy es ejercido también por abuelas en forma compartida que se han encontrado como madres a tiempo parcial de sus nietos, en una mejor versión de ellas mismas. Qué sostén invaluable teniendo en cuenta el nuevo escenario social y laboral.  Varones que cumplen el mismo rol con pericia ya sea por cuestiones de trabajo, porque quedaron solos a cargo o con la custodia completa. Mujeres sin hijos que son madres de muchas mujeres y esa parte de la psique que es madre en cada uno y de tanta gente…

Aún hay mucho más. Es que la diversidad es el sello de estos tiempos y la percepción de que “todo pasado fue mejor” no la dejamos ir tan fácilmente.
Las mujeres madres de ahora que están recordando ser felices ellas mismas para enseñar eso mismo con el ejemplo. Que entendieron que ser feliz no es sólo un derecho sino nuestra función en la Vida. Las que están aprendiendo el significado del amor incondicional pero también a amarse. Las que están más fuertes, más decididas, recuperando su libertad ancestral para sentirse vitales así como para encontrar  su lugar en el mundo. Mujeres que saben lo que quieren, mujeres que saben a dónde van.
Sean de antes o de ahora, estén presentes o ya no aunque habiten en nuestra memoria, todas ellas hicieron lo mejor que pudieron con el conocimiento que tenían en ese momento, las que si hubieran podido, lo hubieran hecho aún mejor. Las que hoy quizás lo harían todo diferente. Todas y cada una, merecen que las honremos en su día especial, hoy y a cada momento.

Sanemos juntos. Les obsequiemos con el corazón rebosante nuestra comprensión, compasión y una mirada amorosa libre de juicios.