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Mar de la calma

VIAJES//MAR AZUL, LAS GAVIOTAS Y MAR DE LAS PAMPAS

A pocos kilómetros de los edificios, el ruido y las peatonales de Villa Gesell, un corredor de playas anchas y aguas mansas se desprende de la efervescencia del verano multitudinario. Mar de las Pampas, Las Gaviotas y Mar Azul: el mar de la calma.

Allá, no tan lejos, se divisan las torres y cierta cantidad de gente algo amontonada más la música de los paradores, los vendedores ambulantes y las sombrillas que impiden la vista al mar. Son menos de 15 kilómetros los que separan una de las ciudades más convocantes de las playas argentinas, Villa Gesell, de sus hermanas menores, especie de barrios pequeños con nombres de pueblo y alma de verano en sosiego.

Desde las playas de Mar de las Pampas, Las Gaviotas y Mar Azul se divisa a lo lejos ese verano explosivo que muchos eligen. Otros, muchos otros, prefieren estas playas anchísimas (de más de 100 metros) en donde las dunas, ideales para deslizarse en tablas, separan la naturaleza de cualquier atisbo de civilización. Pegadas de tal modo que es muy difícil diferenciar una de otra, en las tres pequeñas poblaciones los metros cuadrados de arena disponibles para cada familia son a elección: 10, 20, 100. Los espacios, tan demandados en la cercanía, aquí sobran.

SERVICIOS, TODOS

Si bien en los tres pueblitos no hay supermercados de gran porte, sí hay mercaditos, verdulerías, carnicerías y panaderías. También bares y restaurantes de distinta categoría. En la ruta de acceso hay un gran hípermercado. La oferta de alojamiento incluye campings, hosterías, apart hotel, cabañas y hoteles de gran categoría.
Hay cajeros automáticos y en Villa Gesell hay bancos y demás oficinas administrativas.

No obstante este alejamiento del ruido del verano, las playas de Mar de las Pampas, Las Gaviotas y Mar Azul tienen también su casilla de guardavida cada 100 metros, carpas, sombrillas y reposeras de alquiler y chiringuitos que provean de agua, cerveza o el fruto de mar que la naturaleza ofrezca como tributo al placer veraniego de las vacaciones.

Mar Azul es un cuadrante exacto de 13 por 12 manzanas y casi dos kilómetros de playa de extensión. Las dunas invitan al sandboard, adrenalina a bajo costo y bajo riesgo que a su vez, ayuda a llegar más rápido a la vasta playa. En esa separación natural, de un lado quedan las arenas blancas que mojadas por la marea de la noche, permiten todo tipo de deportes, facilitado por el generoso espacio. Del otro, una urbanidad que brinda todo lo que alguien precisa en verano: bares con música en vivo (y bebidas espirituosas), bosques de coníferas, mercados y mercaditos, restaurantes y, como si fuera poco, los consabidos jueguitos electrónicos para los chicos. Esto, demodé y difícíl de encontrar en las grandes ciudades, hoy puede resultar virtuoso: las crianzas redescubren cómo se divertían sus padres y sus madres hace 30 años. Juguemos al Pac Man de nuevo.

DISTANCIA
Desde Córdoba a Mar de las Pampas hay exactos 1.090 kilómetros. A Mar Azul, 1.100.
El trayecto es prácticamente todo en autopista, salvo unos 100 kilómetros en donde la segunda vía está en construcción.

Mar Azul ha crecido en el último tiempo sin perder su estilo de vida comunitaria y bohemio. Su pequeño teatro público se actualiza en temporada para los visitantes y las decenas de complejos de cabañas están preparados, en servicios e infraestructura, al estilo de los mejores. Algo similar pasa con Las Gaviotas: cuadricula más pequeña que Mar Azul, su territorio se confunde con aquel y es difícil saber si el lugar clásico/top de los churros, que este año implementó los agridulces con cheddar y queso azul, está en uno u otro poblado. De todos modos, lo que importa es que Las Gaviotas, como Mar Azul, no disponen de costanera. Es decir, de ruta que corte la playa en dos: de un lado la mar, del otro la ciudad. Esto supone varios efectos positivos: en primer lugar, que haya una línea de casas y departamentos en alquiler que estén sobre la playa, del mismo modo que ocurre en los pueblitos de ensueño del Uruguay. Sabemos: el deseo empieza en una casa sobre la playa. Además, la ausencia de costanera sumo otro elemento fundamental: no existe riesgo vial para nadie, menos para los más pequeños. Grave problema de las ciudades de la costa atlántica argentina es la presencia de una gran vía que es paseo y conexión, pero que a su vez hace del acceso a la playa un lugar inseguro para muchos e imposible para los más chicos. Aquí no existen estos riesgos. Y es difícil encontrar algunos.

LA ESTRELLA

El corredor de las tres hermanas menores de Villa Gesell concluye, antes de llegar a la gran ciudad, en Mar de las Pampas, la pequeña gran joya de la costa argentina. Si los dos anteriores son espacios ordenados a través de una cuadrícula perfecta, Mar de las Pampas, con límite invisible al lado de Las Gaviotas, es todo lo contrario. Entre dunas y bosques de pinos, la forma irregular de las calles hace que las manzanas, antes tan ordenadas, ahora sean un laberinto que permite la caminata, el treking más exigente, el trote como deporte preferencial, la bici como medio de paseo y la vista agradecida al observar pequeñas joyas de la arquitectura montadas entre dunas y coníferas. Todo ese panorama lo vuelve, a Mar de las Pampas, una postal permanente desde los 4 puntos cardinales. La belleza se concentra aquí. El simple devenir por sus calles transporta por aires que hace que todo sea distinto. Y, en este caso, lo distinto también es mejor.

Mar de las Pampas es un laberinto sin fin con la misma salida, siempre: cada una de sus calles desemboca en sus anchas playas y su mar calmo y sus aves oceánicas. Antes, insuperable oferta gastronómica y de alojamiento. Y en el corazón del poblado, tres manzanas, igual de irregulares, que concentran la nutrida vida comercial con sus paseos en donde es muy fácil perderse, por lo irreverente de su formación, montado sobre dunas y en medio del bosque. Pero también por la oferta: desde mantas para abrigarse de la hermosa brisa marina del atardecer hasta un bar de milanesas en donde las combinaciones son infinitas. Esa misma brisa marina te lleva de a un lado a otro en el desfile de artesanías y productos de la zona, más las cervezas tiradas y la comida gourmet. Se destaca, en esa fiesta de arena y color, la Aldea Hippie, galería que posee gran torre para divisar la mar y un pequeño anfiteatro donde cada noche hay espectáculos familiares a la gorra.

Tienen, los tres poblados, un hecho fundamental en su génesis: la naturaleza del encuentro. Tanta arena y agua, bosques y aves, cielo de sol y brisa que acaricia, obliga a mirar a la cara y comprender que las vacaciones son eso: el momento de la re unión. Y para ello, nada mejor que un mar de la calma.

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ADEMÁS

Se puede disfrutar de la feria de artesanías de Mar Azul y en Mar de las Pampas hay un circuito para visitar a los artesanos en sus propios talleres. También aquí la Sociedad de Fomento creó un Sendero Botánico en el bosque para identificar las especies nativas de flora y fauna. A pocos kilómetros (apenas 5) está la Reserva Natural Querandí, que representa 5757 hectáreas de dunas en donde se protege la biodiversidad de la vida costera. Para los que buscan más acción, en Gesell hay campo de golf de 18 hoyos y un circuito especial de cervecerías artesanales.