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Mujeres de esta parte del mundo

LA CIUDAD//GABRIEL ÁBALOS Y SU LIBRO CORDOBESAS

Reconocido periodista y con una vasta producción en el universo de la cultura, Gabriel Ábalos acaba de presentar su último libro: Cordobesas. Con un estilo amable y riguroso, atraviesa los siglos XVIII y XIX describiendo y analizando el rol de las mujeres en nuestra sociedad mediterránea. Los cambios positivos y lo que se mantiene como un pesado lastre en casi 300 páginas de colección.

Páginas de colección que hablan de aquellas mujeres tan nuestras que eran consideradas mayores de edad a los 25, pero a los 12 ya estaban autorizadas a casarse y en donde el significado mayor de libertad, para muchas, era la viudez. Cordobesas, a medio camino entre un ensayo y la prosa periodística, fue abordado así por su autor porque, según explica él mismo, “llevo seis años publicando -con seudónimo- notas diversas sobre la historia de Córdoba en el diario Alfil. Tres páginas semanales que, al cabo del tiempo, representan una enormidad de material”, explica el periodista que, reconoce, frecuenta más los diarios del mil ochocientos que los que se publican hoy.

_ Entre el frondozo material que presenta el libro, destaco el apartado en donde se revisa el trabajo del padre Grenón. Allí se advierte el acoso como práctica cotidiana que se realiza incluso en el confesionario. ¿Es una conducta que atraviesa casi 200 años de la vida de las mujeres?
_ Creo que era una práctica cotidiana y lo sigue siendo. Hay un machista dominador en la inmensa mayoría de los varones. Es la época, el tiempo histórico, su trabajo sobre los valores, sobre la inequidad, sobre las nuevas normas para la vida, todo esto que han puesto en marcha las mujeres, lo único que puede ponerles un límite real a esas formas naturalizadas de imponer el poder machista. En cuanto a la reacción social histórica frente a esos malos tratos, creo que predominaba un generalizado paternalismo respecto a las mujeres y que, un poco como ahora, seguramente tampoco entonces eran escuchadas. El paternalismo dice: yo te cuido, mientras permanezcas en tu lugar de sumisión. Ese paternalismo podía denunciar ciertas actitudes de acoso hacia las mujeres no tanto porque fueran seres humanos con derechos, sino porque eran mujeres y su mayor virtud debía ser su “honestidad”, su pudor, aquello más valorizado por los hombres.


_ En una descripción que hace el alemán Georg Nicolai en 1925 de las mujeres cordobesas, dice que éstas no tienen un desempeño notable en la vida pública como si lo tienen en Europa, algo que va de la mano con lo que se desprende de su trabajo. ¿Encuentra alguna excepción? ¿Son las mujeres guitarreras que narra las que encuentran alguna independencia en aquel yugo?
_ Las mujeres guitarreras tocaban y cantaban para poner algo de fiesta a una vida monótona en la extensa soledad rural, para lucirse ante los viajeros, para animar un baile. Pero el resto del tiempo, esas guitarreras trabajaban como todas las otras mujeres en las tareas productivas propias de ese entorno. No habría base para considerarlas más independientes. Es difícil pensar grados de “independencia” que se puedan comparar a través de épocas y entre diferentes clases sociales. En general, las mujeres viudas, sobre todo si poseían bienes, podían ser consideradas más independientes que sus congéneres a cargo de un padre o de un marido. Algunas de las mujeres citadas de las transcripciones de Grenon, a fines del siglo XVIII y comienzos del XX, eran señoras con cierta distinción, sabían escribir. Tenían la capacidad de dirigirse a la autoridad y hacer oír su queja por los atropellos cometidos por hombres. Lo cual no garantizaba que fueran escuchadas. Por otra parte, entre las mujeres cuyas denuncias figuran en los archivos del Arzobispado contra sacerdotes que se extralimitaban en su rol de confesores, se contaban esclavas a quienes tomaba dictado un escribiente. Son realidades diversas, y más todavía a distancia de un número de décadas. Aun cuando las primeras mujeres egresaron con título universitario de Parteras, y conquistaron un derecho y un estatus, poco antes y después de iniciado el siglo XX, el Código Civil no les permitía ejercer la profesión sin consentimiento del marido.

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MADRES; AYER Y HOY

“Detrás de los estereotipos seguramente existía ya entonces una gama de modos de ejercer la maternidad, de acuerdo a las condiciones de vida. Pero sin duda, junto a la maternidad construida como un sacrificio como regla y una consiguiente postergación de la mujer, se han creado nuevos modelos de ser madre, para empezar los que impuso la incorporación de las mujeres a las filas de la explotación capitalista, lo que en ciertas clases sociales tuvo impacto en las condiciones de ejercer la maternidad. Persisten ciertos valores de antaño, pero la realización de las mujeres ya no se agota en la maternidad”.


_ El libro cuenta que en la prensa de Córdoba en la segunda mitad del 19 las mujeres son vistas como persistentes buscadoras de novios y maridos, participantes en uniones ilegales, devotas, objetos del deseo, y que pocos veces hablan ellas. Como periodista, ¿cree que cambió mucho esta mirada en los años siguientes?
_ Si hablamos de principios del siglo XX, pasará tiempo aún antes de que se note un cambio al respecto. Pero ese es el preciso momento donde se inicia, por ejemplo, la incorporación de las mujeres a las fábricas y luego a la lucha obrera; donde se asienta el papel profesional de las mujeres universitarias, creando nuevos referentes que enriquecen la percepción social de las mujeres. Ese proceso obliga a la prensa -y a la sociedad toda- a adaptarse a las nuevas conquistas. Sin embargo, persiste un fondo estereotipado que es parte del llamado “sentido común”, y que sale a relucir a la hora de juzgar a las mujeres. Creo que las mujeres se empoderaron, ganaron derechos, entre ellos el de hablar por sí mismas, y entre aquel periodismo de hace más de un siglo, un bastión machista inexpugnable (aunque hubo un intento impulsado en 1871 por jóvenes cordobesas), y el de hoy que es más plural y donde las mujeres se expresan plenamente -cada vez más-hay un largo proceso en medio, digno de una periodización que tal vez ya alguien haya hecho.


_ A esto se le suma el aporte del libro en materia de niñas robadas y asesinatos que sufren las mujeres. ¿Cuánto del pasado hay en el presente actual que atraviesa al género?
_ El libro, entre otras cosas, habla sobre un fenómeno muy frecuente en los diarios de la época. El tema merecería un tratamiento más profundo. Yo me limito a mostrar esa insistencia del problema: la desaparición de niñas y mujeres jóvenes reportada por la prensa. Solo en algunos casos asoma la sombra de la trata. Otros casos quedan en una nebulosa. Por supuesto, hay que decir que la trata es hoy un doloroso residuo del pasado, es parte de la esclavitud del tercer milenio. En cuanto a los asesinatos de mujeres, eran por supuesto frecuentes, pero en este tema no hay horror retrospectivo que empeore el cuadro de los femicidios actuales de cada día.