MARIANO

Organicemolón

Hace sólo unos meses, el autor sugería que los cordobeses nos rindiéramos masivamente ante el avance del Covid. Ahora, gracias a los logros de la vacunación, el mismo autor sugiere un gran festejo comunitario con una actitud desafiante y revanchista a la pandemia. Señor lector, disimule, Mariano Cognigni está cada vez más cerca de la bipolaridad que de la literatura.

Llegados a esta altura del año y viendo las cifras de contagio y vacunación, bien podemos decir que hemos sobrevivido a esta peste de la sopa cruda china, también conocida como “el mal del sashimi de murciélago”. Si estás leyendo estas líneas es señal de que estás con vida, o algo parecido. Bueno, seamos realistas, tampoco es que antes de la pandemia estábamos en el paraíso. Pero no era ni cerca la pesadilla que se vino luego. Como sea: ahora llegó la hora de festejar. Tanto que nos pidieron cuidarnos, bueno, acá estamos, ya cumplimos, ahora queremos la alegría prometida. Y no empiecen que todavía faltan más días de abstención al sexo, al fútbol y al rocanrol. Esto me hace acordar a las empresas donde les piden a los empleados un esfuerzo extra cuando están en las malas, pero luego ni se acuerdan de ellos en las épocas de vacas gordas. Bueno, ahora no me vengan con ningún otro cuento chino, ahora queremos un descanso, queremos celebrar la vida (un eufemismo para decir que queremos joda). Pero no cualquier joda, queremos una prolijamente planificada. Que se decrete asueto oficial pa hinchar las bolas. Piense fríamente en algunos de los eventos que celebramos. Año nuevo: que la tierra dio una vuelta más al Sol. Carnaval: fiestas bacanales en honor a un dios romano del vino, un buey egipcio y un dios griego de la burla. Reyes: que tres tipos en camello llegaron diez días tarde a llevarle los regalos a un recién nacido, y todo culpa de eso maldita manía que tenemos los hombres de no querer preguntar si vamos bien. Nuestro festejo va a ser de lo más coherente: nosotros resurgimos de entre los muertos, no es poca cosa, mire vea. Cuando parecía que todos íbamos a ver crecer las flores desde abajo, apareció la ciencia y clavó una vacuna al ángulo, justo en el tiempo complementario.

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Noviembre tiene que ser el mes de los “Festejos Covideños”. Debe tener una duración discretita, del 15 al 30 siendo humildes. Estas fiestas tienen que tener su propia parafernalia, totalmente distinta a todas las otras, hay que crearle una mística propia para que se propague en el tiempo hasta convertirse en tradicional:
° No se brinda a las doce de la noche, ya basta, esa hora es muy tarde para cualquier cosa, no, brindamos a las seis de la tarde como para ir haciendo la previa, y –de más está decirlo- lo hacemos con fernet.

° Será una señal conmemorativa llevar la camisa arremangada recordando la vacuna recibida. El brazo izquierdo para la Sputnik y el derecho para la Moderna. En cambio, para indicar que usted ha sido inculado con la vacuna china, deberá llevar bajo el cierre del pantalón.

° La comida festiva típica será, en clara alusión al hisopado, platos que lleven un palito, como la brochette o los cuadraditos de milanesa pinchados con un palillo. Además se puede incorporar alguna especialidad que con el tiempo se vuelva típica; tiene que ser algo muy horrible como lo es el pan dulce en navidad. El pan dulce es algo tan feo que sólo se fabrica una sola vez al año. Para que triunfe debería tratarse de algún invento también espantoso. Pensando en voz alta escribo aquí algunas inexistentes atrocidades culinarias que me van surgiendo: pizza con ananá, empanadas con pasas de uva, milanesas de soja, una torta de queso, o melón con jamón.

° El festejo será obligatorio y su cumplimiento estará fiscalizado por las fuerzas del orden público. Sólo podrán permanecer en sus domicilios aquellas personas con causa justificada y que hayan bajado la autorización correspondiente del sitio www.enquilomb.ar. La policía controlará la distancia social, nadie podrá estar a más de medio metro de otra persona, incluso si se tratara de desconocidos, serán obligados a permanecer juntos y a compartir el mate. Y no importa si no estaban tomando mate. Los espacios públicos serán reducidos para garantizar el apiñamiento de la gente. Cines y salas de teatro estarán obligados a un aforo del 200%. Es decir: cada espectador deberá estar sentado arriba o debajo de otro. En el intervalo, cambian.

° Aviones fumigadores repartirán pimienta y rapé a mansalva obligando así a estornudar a toda la población. El estornudo conmemorativo no será disimulado, no señor, nada de pliegue del codo, será bien catártico, bien escandaloso, un estornudo a moco tendido para liberar tanta emoción reprimida y tanto deseo presurizado.

° El baile típico será una coreografía que estoy desarrollando en mi academia de danzas no típicas. Al ritmo de un cuarteto (no de un cuarteto de cuerdas, uno de curdas) el bailarín, con ademanes y ágiles movimientos, hace repetidamente alusión a la fiebre, al dolor de garganta, a la pérdida del olfato, al decaimiento, al hisopado y al intubado. Así, hasta que su pareja de baile procede a pincharle (en el brazo, no sea malpensado) entonces él simbólicamente resucita entre los fiambres cual ave fénix entre las cenizas. En ese momento ambos danzarines celebran alocadamente el milagroso efecto de la medicina y luego se dirigen presurosos a pinchar (segunda dosis, no sea malpensado).

° Ya basta de tanto anti-cuerpo, ahora es el momento de estar a favor del cuerpo. (iba a escribir procuerpo, pero me dio algo así como asquito) Durante los festejos será legal y bien visto ir de paños menores por la vía pública. Será obligatorio ingresar con el torso desnudo a todos los edificios, conversar con el chofer, bañarse en la fuente y hacer todo lo que siempre estuvo vedado (iba a escribir prohibido pero de nuevo me dio algo así como asquito). Escupir en el piso sigue estando prohibido, no sea asqueroso, quiere.

° Durante las festividades Covideñas todos los habitantes estarán obligados a viajar, tengan o no ganas. Sólo podrán permanecer en sus ciudades aquellas personas que hayan tramitado su permiso en www.deacátevasaraj.ar Aquellos que lo hagan en automóvil deberán ir bien apiñados y con los vidrios cerrados.

Bueno, ahora los dejo, debo seguir practicando mis hábiles pasos de baile. Pero más me urge entregar rápido la nota a imprenta, si no el director me va a mandar al sitio www.andateacag.ar

Por Mariano Cognigni