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Paz sin PAZ

Un jueves 1 de julio de 2021, se nos fué Guillermo “Quito” Mariani, pero es tanto lo que nos dejó, que queremos compartir con Uds. algunas reflexiones de él para nuestra Matices Nº 210 de diciembre de 2008.

Hasta siempre, “Quito” querido.

Pretendiendo reflexionar sobre la paz uno tropieza previamente con una cantidad de preguntas  ¿Qué es la paz? ¿Es posible la paz? ¿Se trata de algo que nos dan, o de algo que hay que conquistar? ¿Es una realidad o simplemente una ilusión, o una propuesta de dominación, o una búsqueda? ¿Qué efectos han tenido todas las iniciativas manifiestas o no, de lograr la paz, indicando medios, objetivos, diversas recetas por parte de intelectuales, religiones, filósofos, sociólogos o, a otro nivel, diversos organismos nacionales e internacionales?

Entre varias definiciones de la paz, escojo dos. La de San Agustín, para quien consiste en “la tranquilidad en el orden”. Y la de Santo Tomás de Aquino: “Opus justitiae pax” que se traduce “la paz es obra de la justicia”.

Las dos definiciones abarcan al expandirse una multitud de otros intentos. La primera, como muchas posteriores, se refiere a una cosa hecha, a algo establecido. La segunda, en cambio se refiere a un trabajo y una búsqueda activa e incesante. Tanto en la experiencia histórica como en la realidad, la paz no ha existido realmente sino en cortos períodos entre guerras, o en determinado lugares. La PAZ del todo, como la deseamos y requerimos, no ha existido. Más aun, no parece posible. ¿Se trata de una afirmación derrotista? No. Simplemente realista. No la hemos conquistado como humanidad ni nos la han dado desde otros planetas ni desde Dios, como suele insistirse (con claros intereses eclesiásticos). Hay numerosas voces que se alzan pidiendo paz, numerosas palabras y conceptos que instan a desear la paz, lirismos, oraciones y consejos que desde distintas instituciones y personas hacen campañas de palabras e imágenes para difundir la necesidad de la paz. Todas ellas no tienen visos de lograrla. 

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Creo entonces que la primera actitud a revisar es la de creer y esperar una PAZ perfecta, universal y estable. Quienes piensan así se sentirán desilusionados ante cualquier falla. En esto como en lo que se refiere a la FELICIDAD no hay que pensar tanto en ella sino en obrar para conseguir el pequeño trozo disponible. Trabajar por la paz, buscar con insistencia perseverante los medios para construirla, es lo que hay que proponerse. La definición de Santo Tomás es elocuente en este sentido: “El único camino es la práctica de la justicia”. Lo cual supone conflictos, reclamos, revoluciones, denuncias que, si no traspasan el nivel de los derechos humanos fundamentales, son la paz en marcha, aunque sea con minúscula por la mezquindad de sus resultados. Se han propiciado muchos métodos: desde la no violencia hasta el exterminio de los malos, desde las convocatorias multitudinarias hasta las guerras “justas”. Resulta desalentador constatar la pequeñez de lo obtenido. Y se corre peligro de quedarse esperando que la paz venga del cielo o de algún cataclismo inesperado que termine con los malos y los males, o de una conjunción astral como la que la New Age anunciaba para el 2005, que cambie los corazones de todos.

 Creo que a nivel global hay cuatro factores que tienen en sus manos la marcha hacia la paz o la continuidad de la violencia y las guerras. Las autoridades de los estados, las corporaciones económicas internacionales, las grandes religiones y los medios masivos de comunicación social. Ellos mantienen la estructura de injusticia que engendra malestar, rivalidades, violación de derechos fundamentales. Podrían, en cambio, empujar hacia una paz estructural que indujera a la social, la familiar y la personal.

En pequeño, también en nuestra Córdoba, donde vivimos apenas una paz en marcha con incesantes movilizaciones e inquietud de la ciudadanía atenta a las conductas corruptas y las promesas incumplidas, se hace necesario un cambio, en las autoridades, en los empresarios, en los creyentes, en los medios. Pero también es indispensable para todos “limpiarse la mirada” para no dejar de apreciar los espacios, las conquistas, los logros de paz que no deben ser menospreciados, aun en medio de las incertidumbres y reclamos. Aunque no lleguemos a LA PAZ.