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Un rey sin corona. Y sin reinado.

En territorio de loncos y caciques, alguna vez mandó un rey. Que, como si fuera poco, era francés.

Por Juan Cruz Taborda Varela

Sí, en la Patagonia que no diferencia los límites que alguien impuso en los Andes, un hombre que nada tenía que ver con los papuches, se autointituló El Rey de la Araucania y la Patagonia y así anduvo por el mundo: exigiendo el trato de un monarca.

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El rey en cuestión, llamado Orllie Antoine, ni siquiera había nacido en territorio sudamericano y mucho menos descendía de la nobleza europea. Orllie había trabajado como procurador en Francia y leído muchos libros de viajes y geografía. En 1858, a sus 35, desembarcó en Coquimbo, en el Sur Chileno, y para no estar solo, consiguió dos franceses que se dedicaban al comercio de baratijas y les prometió ministerios en su futuro imperio. Los muchachos le dieron el ok, soñando con integrar la futura corte.

A los 2 años de la llegada, metido de lleno en la gran extensión sureña de América Latina, plantó bandera, diseñó escudo y redactó constitución para el reinado. Y el 17 de noviembre de 1860, Orllie Antoine redactó un decreto en donde se auto erigía como monarca mientras los caciques originarios lo miraban sin entender nada. ¿Y a éste qué le pasaba?, pensaban los loncos.

Rodeado de una falsa corte y algunos avivados, el loco Orllie sobrevivirá en la estepa gracias a la milenaria práctica del canje y el trueque con las tribus sureñas. El rey de la Araucanía y la Patagonia les daba algún espejo a cambio de una liebre que lo alimentara un par de días. Una monarquía más bien austera.

Orllie no se detuvo ante el poco respeto de los mapuches. Le mandó una carta al presidente chileno Manuel Montt, pero volvió a ser ignorado. Ante el desprecio de la diplomacia internacional, anexó la Patagonia argentina y la llamó La Nouvelle France. Así anduvo durante dos años por las estepas y los Andes, con una corona de fantasía hasta que en 1862, el ejército chileno lo detuvo. La advertencia fue: hay que tener cuidado con el francés loco, va a generar una sublevación entre los indios.

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Deportado a su país natal, durante 7 años Antoine se sintió un rey exiliado en su propia Francia. Militó su causa con vehemencia, publicó un periódico en donde firmaba como Yo, el rey y en1869 retomó para estas tierras, las tierras de su reino. Los araucanis lo reciben incrédulos pero el ejército chileno no: lo perseguió y en la huida, nuestro rey llegó a Bahía Blanca, donde se sintió a salvo.

Entusiasmado por el viaje, subió hasta Buenos Aires, dio entrevistas y el periodico Tribuna ironizó: Sorprende que el gobierno argentino no lo reciba como corresponde dado su alto rango. El loco Orllie era loco simpático pero en vísperas de la llamada Conquista del Desierto, los autoridades argentinas, como las chilenas, consideraron que era mejor tenerlo lejos: una vez más lo mandan para Francia.

Para entonces es 1874 y nuestro rey ya nunca más volverá a su reinado del Sur. Sin secretario de actas en su corte, estará obligado a escribir sus propias memorias en su libro Orllie Antoine Primero, rey de la Araucanía y la Patagonia. En su Francia natal venderá las monedas de su reino, que no tenían valor real, sino tan solo como expresión de su locura.

Agobiado por las deudas y la ignominia -nunca un rey fue tan dejado de lado-, terminó siendo el hombre que encendía el alumbrado público de Tourtoirac, un pequeño pueblito de Francia en donde Orllie Antoine fue reconocido, hasta el día de su muerte, como el único rey del mundo sin corona. Y sin reinado.

Los relatos coinciden: de díaera un cura carismático, alegre y cantor. Por las noches, un pederasta que fue protegido hasta el fin de sus días.