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Una vibrante oferta editorial

Por Iván Lomsacov
ivanlomsacov@gmail.com

¿Vos creés que la historieta en Argentina desapareció cuando cerraron las grandes revistas como El Tony, D´artagnan, Skorpio o Fierro, en los años 90?

Vengo a avisarte que no.
En nuestro país la historieta no se extinguió, si no que se transformó. Ya no aparece en aquellas antologías periódicas que se conseguían en los quioscos de diarios, sino mayormente en libros y fanzines que hay que buscar en locales especializados –llamados comiquerías– o comprar directamente a las editoriales en ferias o a través de Internet. Pero fuera de eso, la producción y edición de obras quizás sea mayor, y seguro es más variada, hoy que en aquella época del auge industrial de la historieta en Argentina. Y tal vez involucra a tanto o más talento artístico que antaño, aunque su llegada sea menos masiva.

Una veintena de sellos independientes, pequeños o medianos –en muchos casos creados y gestionados por autores– animan una vibrante oferta editorial de historieta nacional desde el segundo lustro de este siglo. Allí están, por ejemplo, Doedytores, LocoRabia, Hotel de las Ideas, Comic.ar, Historieteca, Maten al Mensajero, La Editorial Común, Pictus, Libera la Bestia y Rabdomantes, operando desde Buenos Aires y Rosario. Y hay más.

Aquí mismo, en Córdoba, hay editoriales de historieta, como Buen Gusto, Deriva, Viajero del Alba y Cuervo Lobo, que también publican otras narrativas. Las filiales argentinas de grandes grupos editoriales como Penguin y Planeta incluyen algunos cómics o humor gráfico de autores argentinos en sus catálogos. Y hasta existen editoriales exclusivamente dedicadas a historietas específicas para niños, como Comiks Debris.

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Muchos de los lanzamientos son, afortunadamente, obras nuevas, de creación contemporánea, mayormente a cargo de autores jóvenes o que comenzaron a mostrarse luego del año 2000. Y eso incluye una diversidad de géneros, estilos y estéticas que antes no existía, que va más allá de las aventuras y la fantasía, aunque la incluyen, y a buena honra. Hay, además, vivencias cotidianas y hasta intimistas, hechos históricos, momentos vitales de escritores, músicos y otras personalidades nacionales e historias con problemáticas de candente actualidad, entre otras posibilidades, matices y fusiones.

Pero a la par de la novedad y la innovación, también aparecen reediciones, cuidadas recopilaciones de muchas de las recordadas series que a no pocos nos atrapaban en aquellas revistas que ya no están, durante los años 70 y 80. Así, podemos volver a leer, completas y de continuo, las aventuras de Bárbara, Alvar Mayor y Precinto 56; de Nippur, Dago y Pepe Sánchez; de Ernie Pike y el Sargento Kirk; o miniseries emblemáticas como Ciudad, Basura, Ficcionario y Cuestión de Tiempo; y bastantes glorias más. Hasta series infantiles como Pi-Pio y Patoruzito forman parte de estos “rescates”.

El cómic argentino cuenta también con su propio circuito de eventos y convenciones abiertos a todo público, entre los que podemos destacar Crack Bang Boom de Rosario como el más duradero y convocante, y en nuestra ciudad Docta Cómics, del Centro Cultural España Córdoba, que este año tendrá su sexta edición.

Y además está la Web: sitios, plataformas y perfiles de redes sociales que nos permiten asomarnos gratis a mucho de lo que se está haciendo ahora, en lugar o antes de comprar los libros. A veces, a lo más heterodoxo, experimental o amateur que quizás no llegue a imprimirse.

Hay un mundo de historietas nacionales –cuadritos de bandera– ahí afuera. Solo hay que mirar.